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dissabte, 7 de març del 2009

Audis, trajes y demagogia

HAY QUE RECONOCER QUE los audis son unos coches muy elegantes. Un A8 oscuro con los cristales tintados viene a ser como los cetros de los faraones egipcios: un símbolo de poder. Por eso hay infinidad de cargos públicos que viajan en audis blindados.Y está bien que así sea porque las instituciones merecen ese respeto. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, tiene un A8 espectacular, que ha sido arrendado a razón de 591.000 euros por cuatro años. Pero también viaja en A8 la presidenta de las Cortes Valencianas, Milagrosa Martínez, por citar sólo un ejemplo.

A pesar de que el PP tiene tanto o más apego a los audis que el PSOE, Alberto Núñez Feijóo hizo del cochazo del presidente de la Xunta un argumento fundamental de la campaña gallega. Núñez Feijóo es un político sólido que no necesitaba hacer demagogia para ganar las elecciones. Y lo del Audi de Touriño ha sido demagogia de primera.

Ojalá el futuro presidente de la Xunta no tenga que arrepentirse de lo que ha hecho. Puede que su anuncio de vender el Audi y comprarse un Citröen le persiga para mal en su brillante carrera política. Porque la demagogia te puede estallar entre las manos, aunque se ganen las elecciones. Cinco días después de la victoria gallega y de los magníficos resultados en el País Vasco, el partido que hizo del Audi una piedra de toque de la moralidad y la ética políticas se ha dado de bruces con sus principios.

En los autos del titular del juzgado de instrucción número 5 de la Audiencia Nacional figuran coches, bodas, lunas de miel en la Polinesia, pantallas de plasma y distintos tipos de prendas de vestir que Paco Correa y Alvaro Pérez, el Bigotes, regalaron a diversos y variados cargos públicos del PP. Si, ya sabemos que Garzón es malo, ególatra y cazador de gañote. Pero no se ha podido inventar las facturas, ni los documentos que cita en los autos, ni es suya la chaqueta fantasía que el juez dice que Alvarito le compró a Francisco Camps, que, por cierto, también tiene un A8, dicho sea de pasada.

El éxito político de la dimisión de Bermejo y la victoria gallega han sido interpretadas por la dirección del PP como el Jordán donde han quedado lavados todos sus pecados. Sin embargo, de la lectura de los autos se deduce que Garzón puede ser malo, pero no tonto. Es imposible que una persona sensata, como lo es Mariano Rajoy, pueda permanecer impasible ante el documento en el que se explica el circuito de financiación de los chalecos, trajes y cinturones de Camps. No me creo que el líder del PP no haya sentido vergüenza ajena. El ridículo es una de las peores cosas que se pueden hacer en política. Este y no otro es el problema de Camps. Aunque le sigan votando.

dijous, 26 de febrer del 2009

El voto del miedo

RECTA FINAL EN LA CAMPAÑA electoral para las autonómicas de Galicia y el País Vasco. Dejo las vascas para mañana. Miro hoy a las gallegas, que además están mucho más conectadas a los sucesos políticos y judiciales -valga la redundancia, como diría Vicente Vallés- de la crónica nacional. No tanto como para alterar sustancialmente los tres rasgos propios del escenario. Dos fijos: hegemonía indiscutible del PP y escasa o nula retribución electoral al gobierno Touriño. Y uno variable: el mayor o menor nivel de absentismo de los votantes socialistas. Por tanto, la clave del desenlace está en el comportamiento de esta franja electoral.

Por ahí volvemos a la crónica nacional, marcada por la caída del ministro Bermejo y la querella del PP contra el juez Garzón por supuesta conducta prevaricadora. Los dos sucesos se han convertido en manufactura electoral. Los presentan los socialistas como cortinas de humo del PP para ocultar los escándalos (espionaje y corrupción) y la lucha interna por la sucesión de Rajoy. Por eso el número dos del PSOE, José Blanco, ha incluido en la guía de campaña la consigna de referirse al PP como “el partido de Esperanza Aguirre y Francisco Camps”. En uno de los numerosos mítines que ha protagonizado en su tierra, el propio Blanco decía el otro día que si el PP volvíera a gobernar acabaría convirtiendo a Galicia en una fotocopia de lo que Aguirre hace en Madrid y Camps en Valencia.

Es el verbo demagógico propio de una campaña electoral, usado en este caso para motivar a los votantes socialistas mediante la explotación del miedo a la derecha de siempre. La táctica cuenta con el impagable respaldo de los propios dirigentes del PP gallego. Véase la suspensión del mitin del presidente valenciano, Francisco Camps, que estaba previsto ayer en Lugo. O la resistencia de su candidato, Nuñez Feijóo, a retratarse junto a dirigentes nacionales ¿os parece normal que hasta ahora Rajoy y Feijóo solo hayan coincidido un día, a pesar de la intensa participación de ambos en la campaña?

“Mis siglas son las de Galicia”, responde Núñez Feijóo cuando le preguntan por los “líos internos” -Rajoy dixit- de su partido. Es una forma de alimentar los argumentos del adversario. Una prueba más: de los dirigentes nacionales del PP, aparte de Mariano Rajoy, que es gallego y sabe que se va a relacionar su liderazgo con los resultados electorales, solo Ruiz Gallardón parece ser bienvenido. A nadie se le oculta la voluntad de desmarque del alcalde de Madrid respecto al estilo de la presidenta autonómica, Esperanza Aguirre, aspirante al sillón de Rajoy y tocada por el escándalo del espionaje en los servicios de seguridad de la Comunidad de Madrid.

Sabe Feijóo que todo eso se utiliza en Galicia para movilizar a los votantes socialistas mediante el uso del miedo al retorno del PP. Es la variable que puede modificar el cuadro en vísperas de la jornada electoral. Un cuadro calcado al de hace cuatro años. Se mantiene la hegemonía del PP y el Gobierno PSOE-BNG no ha mejorado las expectativas electorales de estos partidos. Si hace cinco años el espantajo fue Fraga, ahora es Aguirre, Camps, la corrupción, el espionaje.

El candidato socialista, Pérez Touriño, no había querido entrar en eso hasta ahora. Iba de presidente estupendo, institucional, distante. Pero en este tramo final de la campaña ha puesto los pies en la tierra y ya se moja. Le ha visto las orejas al lobo de unas encuestas que no descartan la reconquista de la mayoría absoluta del PP por desmovilización del voto socialista. Todo queda abierto para la noche del domingo.

dilluns, 9 de febrer del 2009

La doctrina Fraga

EL NÚMERO DOS DEL PSOE, José “pepiño” Blanco, habla de vendaval de corrupción en el PP, y el número uno del PP, Mariano Rajoy, habla de vendaval de ineficacia en el Gobierno. El recurso a la meteorología no cura el estupor de la Opinión Pública. Ni la meteorología ni los botes de humo. No hay camuflaje verbal que le sirva al ciudadano agobiado por la crisis para suavizar la creciente e insoportable sensación de que unos y otros, a derecha e izquierda, le toman el pelo. Sobre todo si es tiempo de urnas y el aire se contamina de electoralismo.

Así no hay forma de abrir debates políticos serios sobre la errática gestión oficial de la crisis económica. Al final nos dedicamos a discutir el coste de los cristales ahumados del presidente de la Xunta de Galicia, a contar los metros de carteles destinados al copyright del "Gobierno de España" en las obras municipales o a calcular el umbral de la paciencia de Rodríguez Zapatero frente a los banqueros.

Si se trata de corrupción, lo fácil es disparar contra el mensajero. El ya excluido de la lista electoral del PP de Orense, Luis Carrera, hablaba ayer del "mal nacido que lo ha filtrado", pero ni media palabra sobre el comportamiento de un político que acepta un pago irregular de 240.000 euros a través de un paraíso fiscal. Esperanza Aguirre atribuye la crisis de los espías en Madrid a un montaje de Ruiz-Gallardón y Juan Luis Cebrián. Y la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, reduce la trama destapada por el juez Garzón (cinco detenidos, por corruptelas relacionadas con ayuntamientos del PP) a "la utilización de la Fiscalía y el ministerio del Interior" por el PSOE para orquestar una campaña de acoso al PP.

La corrupción entra de nuevo en el debate político. Un clásico en el largo historial de escándalos de la España democrática. De un lado y otro. No os empeñeis en comparar el dossier PSOE con el dossier PP. Consuelo de necios. Si uno es más voluminoso que otro, sólo es cuestión de tiempo. Eso va cosido a la condición humana, no a unas determinadas siglas políticas. Por desgracia para todos nosotros, ya andamos sobrados de pruebas para abochornar a cualquiera que, a estas alturas, quiera recurrir al "y tú, más" en materia de conductas irregulares orientadas a quedarse con dinero de los ciudadanos.

Si le ocurrió a Jesucristo, cómo no le va a ocurrir a Rajoy. O a Zapatero. Es la doctrina Fraga, expuesta este fin de semana en la radio. La figura del traidor, a fuer de corrupto, que debe ser apartado del proyecto colectivo. Véase la fulminante reacción de Núñez Feijóo, el candidato gallego del PP, contra quien iba a ir de número uno por Orense, Luis Carrera. La imagen de quien decreta la expulsión, por el bien del proyecto, nunca se resentirá, sino todo lo contrario.

Es la doctrina Rajoy: quien no tiene nada que ocultar, nada tiene que temer de la transparencia. No parece que cale en su partido. La transparencia como voluntad indagatoria para depurar responsabilidades, si las hubiere, y apartar del proyecto colectivo a quienes lo desprestigian con sus comportamientos irregulares, inmorales o delictivos ¿No sería mejor para todos?

Si lo del Watergate madrileño es un montaje en el vacío, y si la trama descubierta por los agentes de la UDEF (Unidad contra la Delincuencia Económica y Financiera) en Boadilla del Monte y otros ayuntamientos del PP compromete sólo a "cuatro chorizos que nada tienen que ver con el PP", como dice González Pons, el partido de Rajoy debería ser el primer interesado en agotar todas las vías indagatorias, las judiciales y las políticas ¿A qué viene esa desapacible reacción de Dolores de Cospedal contra el PSOE? "El partido del Gal y de Filesa", vale, pero se trata de saber si el PP o sus cargos municipales están implicados en las corruptelas que estamos conociendo estos días a través de los medios de comunicación. Las filtre quien las filtre.

dijous, 15 de gener del 2009

Desconcierto pepero

RAJOY, Y DE PERDIDOS al río, empezó la legislatura desterrando al ala dura del partido, a los vivos representantes del aznarismo, porque quería un PP y una oposición más sosegada. Pero, a juzgar por el intercambio de reproches diarios entre sus militantes, diríase que lo único que ha logrado es trasladar la bronca de antaño del Congreso al partido.

Monteserrat Nebrera, el ojito de Piqué, no estuvo afortunada al tachar el acento andaluz de la ministra Álvarez de “chiste”, ya que la broma era, es y será lo que la titular de Fomento dice. Pero la celeridad con la que Nebrera ha sido expedientada deja al descubierto la sed de venganza que generó al disputar al ala oficialista el liderazgo del PP catalán. Javier Arenas no corrió tanto cuando Ana Mato, destacada dirigente popular, dijo que “los niños andaluces son prácticamente analfabetos”.

En Madrid, encontramos el pulso que mantienen Aguirre y Gallardón por la continuidad de Blesa en la presidencia de Caja Madrid y todo ello sin que Rajoy se defina. En Valencia no tardará en estallar la batalla que enfrenta a Camps y Valcárcel, los presidentes de Valencia y Murcia, con Cospedal sobre el trasvase Tajo-Segura.

Ante semejante barullo, a Rajoy le da por consultar con un grupo de expertos como mejorar su imagen pública, a través de las nuevas tecnologías, para compensar la mala prensa que tiene en los medios tradicionales. El PP siempre ha tenido problemas de comunicación, aspecto que los socialistas controlan muy bien, que se lo digan a Rubalcaba; pero nunca había sido tan evidente que las contrariedades del Partido tienen ahora poco que ver con la comunicación, sino con el fondo. El PP no necesita expertos en imagen, la receta por ahora es elaborar un proyecto sólido y un líder, que al lógico debate interno, ponga orden a este desconcierto pepero.