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dilluns, 9 de març del 2009

Annus horribilis

HOY SE CUMPLE UN año del 9-M, la segunda derrota consecutiva del PP en las urnas a manos de un PSOE que por entonces aún se negaba a pronunciar la palabra maldita. Doce meses después, la crisis económica -transformada ya en recesión-, la pérdida del poder en Galicia, la dimisión de Mariano Fernández Bermejo y el desgaste o la inoperancia de buena parte de sus ministros han marcado este 'annus horribilis' de José Luis Rodríguez Zapatero, que ya sabe lo que es perder unas elecciones, y que, si los pronósticos no fallan y el milagro de la recuperación económica no se produce para entonces, volverá a caer derrotado el próximo 7 de junio en los comicios al Parlamento Europeo.

La crisis económica ha protagonizado y condicionado el año político transcurrido desde las elecciones generales del 9-M, ha obligado al Gobierno a dedicarle gran parte de sus esfuerzos y ha servido de ariete de oposición a un PP no exento en este tiempo de momentos de incertidumbre sobre el liderazgo de Mariano Rajoy, que parece, por ahora, consolidado.

Hoy se cumple un año desde que Zapatero renovó en las urnas la confianza de los electores y, con 169 diputados, se quedó a siete de la mayoría absoluta, un número suficiente para ser investido presidente del Gobierno, aunque tuvo que esperar para ello a una segunda votación, al contar sólo con el apoyo de los parlamentarios socialistas. Ese hecho ya auguraba arduas negociaciones posteriores para sacar adelante iniciativas como los Presupuestos Generales del Estado, pero las dificultades se van a acrecentar si Patxi López releva a Juan José Ibarretxe al frente del Gobierno vasco y el Ejecutivo no puede contar con los votos del PNV en el Congreso.

Los Presupuestos de 2009 son, precisamente, una de las cinco leyes que ha tramitado el Parlamento nacido de los comicios del 9-M, que también ha convalidado una serie de decretos que han tenido como objetivo intentar hacer frente a la crisis económica. Una crisis cuya dimensión se tardó en reconocer públicamente por parte del Gobierno y que ha copado el día a día tanto de su actividad como de la de los partidos ante el deterioro de la economía y el aumento, mes tras mes, del número de desempleados.

La situación económica se ha convertido para el PP en la muestra más evidente de la mala gestión del Gobierno socialista y ha sido el argumento principal de la labor de oposición de sus dirigentes, insistiendo en que ellos ya previnieron en la campaña electoral de lo que se avecinaba y acusando a Zapatero de ocultar en ese momento el alcance de la crisis.

Crisis en el PP

Pero el PP ha tenido que dedicar también gran parte de su tiempo a calmar las voces críticas internas que pedían un relevo al frente del partido al considerar que Rajoy no era la persona adecuada para la etapa que se abría después de la segunda derrota consecutiva en las urnas.

La presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, no cerró la posibilidad de disputarle el cargo, pero, finalmente, ni ella ni ningún otro dirigente dieron el paso y Rajoy renovó su liderazgo en el Congreso Nacional que el partido celebró en Valencia. Allí y en Madrid tiene abierto ahora el PP un episodio judicial en el que se habrá de determinar si, como apunta el juez Baltasar Garzón, cargos como el presidente valenciano, Francisco Camps, están implicados en una supuesta trama de corrupción que ya ha provocado la dimisión de varios alcaldes del partido citados en esa causa.

Este asunto ha contenido la euforia con la que el PP acogió los resultados de las elecciones autonómicas del 1 de marzo, cuando recuperó la presidencia de la Xunta de Galicia y, a pesar de haber perdido dos escaños en los comicios vascos, se convirtió en decisivo para investir al nuevo lehendakari.

Si el hasta ahora presidente gallego, Emilio Pérez Touriño, presentó su dimisión como líder de los socialistas en esa comunidad, otra dimisión copó las informaciones unos días antes: la del ya ex ministro Fernández Bermejo tras conocerse que coincidió en una cacería en Jaén con el juez Garzón y que carecía de licencia para ejercer la actividad cinegética en Andalucía.

Con el bagaje de todo lo ocurrido durante este año, los partidos preparan ya la próxima contienda electoral de ámbito nacional: el 7 de junio se votará a los representantes españoles en el Parlamento Europeo.

dilluns, 2 de març del 2009

Revolcones históricos

MARIANO RAJOY RESUCITÓ AYER en Galicia y se convirtió en el nuevo líder del PP. Más de cinco años después de ser ungido presidente del partido por el dedo de José María Aznar, Rajoy recuperó este domingo su autoestima, se sacudió de encima los complejos, silenció a sus enemigos internos, rompió amarras con el pasado y propinó a José Luis Rodríguez Zapatero su primer revolcón electoral desde que llegó a La Moncloa.

El presidente del Gobierno sufrió ayer una amarga derrota en Galicia, pero, a cambio, ganó posiciones en el País Vasco y puede propiciar un rolvocón historico, digno de un blog sobre camas redondas, si permite que su candidato, Patxi López, se convierta, con el imprescindible apoyo del PP y UPyD, en Montipatxi, o sea en el primer lehendakari no nacionalista, por la misma gracia pactista, que no divina, por la que José Montilla es el primer presidente de la Generalitat que se lía con los pronombres débiles del catalán. Pero catalanadas a parte, tras el estrepitoso fracaso del proceso de paz, Bono podría colgarle ahora una medalla a Zapatero por mandar al PNV a la oposición después de 29 años ininterrumpidos en el poder, aunque los nacionalistas han ganado claramente las elecciones. A Ibarretxe, el que sí está legitimado para intentar formar gobierno ya le habrán llamado Artur Mas, algún gallego y, hasta algún mallorquín para recordarle la facilidad que tienen los socialistas para gobernar sin ganar elecciones.

Si el suspense en Euskadi se mantuvo anoche hasta la recta final del escrutinio, en Galicia la emoción se disolvió como un azucarillo apenas cerrados los colegios electorales. Alberto Núñez Feijóo, sin necesidad de esperar al angustioso recuento del voto emigrante, obtuvo un triunfo más fácil de lo previsto y abrió un futuro cuando menos incierto para su rival socialista, Emilio Pérez Touriño, que podría pagar muy caro su desafío a Ferraz por haberse negado a escuchar las voces que le recomendaron adelantar las elecciones para esquivar el impacto que el agravamiento de la crisis económica tendría en las urnas.

Pepiño Blanco, otro de los damnificados por la pérdida de la Xunta, siempre podrá culpar a Touriño por haberse empecinado en agotar la legislatura. Pero el todopoderoso número dos del PSOE tal vez no se conforme con ese pobre consuelo y acabe cobrándose la cabeza del malogrado candidato a la reelección, quién sabe si para postularse él mismo como aspirante en 2013.

Euforia del PP


El arrollador triunfo por mayoría absoluta en Galicia, la suave caída en escaños en el País Vasco tras la traumática salida de María San Gil y la posibilidad de poder contribuir decisivamente a desalojar del poder al PNV desataron la euforia en el PP y le dan alas a Rajoy para volar sin sobresaltos hasta las elecciones generales de 2012.

Incluso si un improbable batacazo en las europeas del próximo mes de junio volviese a cuestionar su recuperado liderazgo, Rajoy, al menos, ya no tendrá enfrente a Esperanza Aguirre, uno de los pocos enemigos que habrían podido disputarle el trono de no haberse autoinmolado en la pira de su propia ambición, y cuya ausencia anoche en la sede de Génova fue la muestra más elocuente de su aislamiento.

Zapatero saboreó ayer en Galicia, por primera vez en cinco años, la hiel de la derrota. Y recibió un serio aviso de que la recesión económica le puede pasar al cobro más sinsabores en futuras citas electorales. Pero tal vez su baraka no le haya abandonado definitivamente, porque un lehendakari socialista será el bálsamo que alivie el dolor de la espina gallega. A cambio, claro está, de asumir que el resto de la legislatura será un via crucis para el Gobierno si no encuentra nuevos aliados en el Congreso, porque el PNV le retirará su apoyo en Madrid en cuanto López se mude a Ajuria Enea.

El escenario más probable en Euskadi es que, tras ser investido lehendakari con los votos de Antonio Basagoiti y Rosa Díez, López presida un Ejecutivo socialista en minoría, porque se antoja improbable -aunque no imposible- que el PNV, después de proclamarse anoche claro vencedor, acepte un papel secundario en un Gobierno de coalición encabezado por el PSE. Lo paradójico es que, pese a haber logrado ayer sus mejores registros, Juan José Ibarretxe tenga que hacer la mudanza. Y no menos chocante resulta que el PP guarde ahora la llave de la gobernabilidad en Vitoria justo cuando peores resultados ha cosechado en su historia. Definitivamente D'Hont no sabía que en lío nos metía a todos cuando formuló su ley.

Por cierto, me han dicho esta mañana que, finalizado el proceso electoral, Zapatero ya ha permitido que Magdalena Álvarez vuelva de Siberia.

dimarts, 17 de febrer del 2009

Nacionales y nacionalistas

PRIMERA APROXIMACIÓN A LA banda sonora electoral de las campañas abiertas en Galicia y el País Vasco. Sólo descriptiva. Tiempo habrá de entrar en materia. De momento, tanteos sobre las intenciones de las principales fuerzas políticas en liza. Las nacionales: PSOE y PP. Y las nacionalistas: PNV en el País Vasco, BNG en Galicia. Sólo una de las nacionales, PSOE, juega a la “transversalidad” (alguna forma de entendimiento con el nacionalismo) en función de la matemática que surja de las urnas en la noche del 1 de marzo. Cantada en el caso de Galicia, que repetiría la coalición gubernamental de estos cuatro últimos años. Incierta en el caso del País Vasco. Por eso es el leit motiv de la campaña.

Es la pregunta del millón: ¿Vamos hacia un Gobierno vasco de restauración constitucional PSOE-PP o hacia un Gobierno de coalición “transversal” entre el PSE y el PNV, a imagen y semejanza del actual Ejecutivo gallego PSG-BNG? Sin la matemática de la noche electoral delante es una pregunta en el vacío, pero muy motivadora en lo mediático y en lo político. Hasta el punto de que las apuestas, todas interesadas, claro, se han convertido en elemento estratégico clave en el discurso de los distintos competidores.

A Basagoiti (PP) le interesa pregonar la complicidad de los socialistas con el PNV. Y a Ibarretxe (PNV) le interesa pregonar la complicidad españolista del PSOE con el PP. Entre ambos le hacen el trabajo a Patxi López (PSE), que disputa al PNV la condición de primera fuerza a base de pregonar “la unidad de todos los vascos, nacionalistas y no nacionalistas, de izquierdas y de derechas, creyentes y no creyentes, para un nuevo tiempo caracterizado por el fin de ETA y de los debates identitarios”, según declaró hace unos días en Madrid, pero sin aventurar sus intenciones en materia de alianzas.

Se trata de ganar unas elecciones prometiendo normalidad democrática. Es la penosa clave política que nos ayuda a descifrar la situación del País Vasco en los treinta años de reinado nacionalista. Porque ya es triste tener que pregonar obviedades, como el valor del diálogo o el derecho a no sufrir desprecio o persecución por defender pacíficamente unas ideas. En todo caso, se va reforzando la hipótesis del fin del largo reinado nacionalista y el advenimiento de un Gobierno vasco comprometido con la Constitución Española. Sólo hace falta que la suma de escaños obtenidos por los dos partidos defensores de la Constitución, PSOE y PP, sea de al menos 38 diputados, equivalente a la mayoría absoluta de la Cámara.

En Galicia las espadas están en alto, según todas las encuestas. Tanto el aspirante por la derecha, PP, como los titulares por la izquierda, la alianza PSG-BNG, vuelven a estar al borde de la mayoría absoluta (también 38, como en el País Vasco). Se repite la situación previa a las autonómicas de hace cuatro años, cuando la situación se resolvió por un solo escaño. Eso quiere decir que el Gobierno de Pérez Touriño no ha rentabilizado las palancas del poder para distanciarse del PP, que sigue siendo la fuerza claramente hegemónica en la región.

Pero ambos saben cómo funciona el clientelismo gubernamental en esta tierra. Sobre todo en las zonas rurales, que está recorriendo Rajoy (un eslabón en la memoria de estas gentes), aunque es en las zonas urbanas donde Núñez Feijóo ha de emplearse a fondo para capitalizar al máximo las grandes concentraciones de votos y las franjas sociales menos sensibles a la seducción del poder.